martes, 12 de agosto de 2014

Prólogo

Los pitidos de las máquinas que señalaban el pulso de su corazón se ahogaban en mi subconsciente. Los doctores y sus respectivos ayudantes maniobraban en la espalda de Jaime, mi hermano, con un perfecto baile de movimientos. Yo desde fuera miraba a través de aquel cristal de un solo lado (ya que por el otro había un espejo para no desconcentrar a los doctores durante las operaciones), como poco a poco le unían aquellas extremidades fabricadas: le estaban poniendo alas. Las alas le sobresalían dos metros a cada lado de su cuerpo, habían sido fabricadas a partir de su ADN y otros tipos de ADN de animales alados para conseguir una mayor resistencia y que el cuerpo de Jaime no rechazara aquel nuevo complemento. Miré nerviosa el reloj-telegrama del quirófano, en él marcaba la fecha, la hora y un cronómetro que señalaba las horas de operación que llevaban realizadas. Casi diez horas. Los médicos necesitaban descansar, por suerte ya se había inventado la maquina de sueño "express". Fue un invento revolucionario cuando salió en el año 2030, pero hoy, diez años después tiene una serie de leyes estrictas para su uso y distribución ya que se utilizó para numerosas explotaciones laborales y torturas. "Dream-five" fue retirado de todo el mundo y redistribuido a hospitales, centros de bomberos, algunas compañías que distribuyen las mercancías al planeta, etc.
Una alarma sonó dentro de aquella habitación y se produjo un relevo de médicos. Uno de ellos a los que relevaban salió a la sala de observación donde me encontraba.

- Buenas tardes, soy el doctor Jiménez -dijo mientras se quitaba la mascarilla y los guantes para estrecharme la mano.

- Encantada señor, ¿cómo va todo? -contesté moviendo mi silla de ruedas hacia él.
- Todo va por el camino correcto, mañana a primera hora de la mañana se le encontrará usted al lado suyo. Ahora debería subir a descansar. ¿Cómo lleva las curaciones?¿Le molesta el dispositivo de almacenamiento?
- Por ahora la curación va muy bien, no tengo rastro de cicatrices de las suturas, pero aun me cuesta notar en la espalda el movimiento del dispositivo.
- Estese tranquila, cuando termine de recuperarse comenzará su entrenamiento y fortalecimiento. Dejará de serle molesto. ¿Se ha probado a mirar en el espejo a ver si se le notan las cajas de conservación?
- Me lo enseñaron esta mañana, mi espalda está igual que cuando entre al quirófano, es por ahora un trabajo perfecto. Gracias.
- No hay de que, y gracias a usted que nos ayuda en la investigación. Dicho esto voy a llevarla a su cama y después me iré a casa, mi familia me echará de menos - dijo mientras sonreía y se masajeaba la nuca al mismo tiempo.

Volví a mirar a mi hermano por última vez en el día y me dejé llevar por el doctor Jiménez.

1 comentario:

  1. La historia de alas es bastante imaginativa y entretenida y recomiendo que otros la lean

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