ROMÁN
Abrí el grifo de la bañera y dejé correr el agua hasta que saliese muy caliente, tanto que aunque la calefacción estaba puesta a unos agradables 23 ºC, se formaba un vapor espeso que comenzó a empañar el espejo. Coloqué el tapón y dejé que se llenase la bañera lentamente, formándose una capa cada vez más densa de espuma en la superficie gracias al jabón del agua. Me puse el albornoz y salí a mi habitación en busca de la mesa para la bañera, la carpeta de programación del viaje y el móvil. Volví al baño sumergiéndome de nuevo en la nube de vapor, comprobé que aún faltaban unos minutos para que la bañera terminase de llenarse, por lo que cogí el móvil y lo enchufé al equipo de altavoces integrado en el baño, busqué una lista de reproducción adecuada para el momento en Spotify y la puse a reproducir. Cerré el grifo y metí la mano en el agua, ¡estaba ardiendo! Me había pasado de temperatura, así que tendría que esperar un poco más para darme el, ahora, ansiado baño. Me senté en la tapadera del retrete y colocando con cuidado la mesa en su hueco preparado para ella en la bañera me dispuse a comenzar a revisar el papeleo del viaje.
"Salgo dentro de seis días... Espero que no haya complicaciones en la meteorología, pues como se cancele el vuelo y tarde algún día más de lo previsto en salir será difícil cumplir la promesa que le hice ayer a Isabella. ¡Pero que hora de salida es esta! ¡A las tres de la mañana! Bueno por lo menos, como llegaré cansado al avión, podré dormir las ocho horas de vuelo... se me están quitando las ganas de ir. ¡No! Quítate ese pensamiento de la cabeza Román, tienes que hacerlo por tu hermana y también por ti, este proyecto te va a volver loco. Es extraño esto que me está pasando, nunca antes me había pasado más de seis meses sin ideas, si quiera una decente. Bueno, creo que ya es hora de meterse en la bañera". Dejé los papeles encima del lavabo y metí despacio los pies, quedándome solo con ellos en el agua hasta que se acostumbraron a la alta temperatura, me quite finalmente el albornoz y repetí el proceso de los pies con el resto de mi cuerpo, hasta terminar sumergido hasta el cuello. Me encantaba darme baños con el agua bastante caliente, aunque al principio quemase y saliera con el cuerpo rojo como una gamba cocida.
Varios minutos más tarde, despertando de la ensoñación en la que me había sumergido, decidí comenzar a organizar estos seis últimos días que me quedaban en Madrid, para ello lo mejor sería utilizar la mesa de la bañera, que por algo la había traído. Saqué la mano del agua y pulse uno de los botones que había a mi derecha, en el borde de la bañera. Nada más pulsarlo el mecanismo de sujeción y arranque de la mesa comenzó a moverse; esta mesa no era como la idea de mesa que tenemos todos en mente, era una mesa/tablet, uno de los últimos inventos de la empresa de mi hermana. Lo que yo llamaba mesa era simplemente una carcasa que protegía la pantalla y los elementos que hacían funcionar a esta "tablet" de última generación, teniendo uno de los avances más prometedores de la alta tecnología hasta el momento: solo funcionaba mediante comandos de voz.
Finalmente la mesa llegó hasta la altura de mi pecho, permitiéndome una visión cómoda de la pantalla desde la posición en la que me encontraba; con un pequeño sonido típico de estos productos, se encendió y esperó a mi orden:
- Horario.
- No entiendo que quiere decir con horario -dijo la "tablet" con voz de robot femenino.
- Arg... madre mía maquina tonta. ¡Agenda!.
Inmediatamente abrió un calendario con una línea superior con todos los meses del año y el año, en la parte inferior indicaba la hora y en el centro de la pantalla, ocupando lo que faltaba, el mes en el que estábamos con sus días en forma de recuadros y numerados.
- Día 21 - en la pantalla se abrió el 21 y una hoja de líneas ocupó el total del dispositivo.
"¿Qué cosas debo hacer antes de irme? Primero ir a ver a Santi y despedirme de él en condiciones... con una buena partida de poker en < La casa de Charlie > estaría bien. También debería ir a comprar material de dibujo y cuadernos de notas, así de paso me despido de esa chica tan mona de la papelería, y si esa noche la paso con ella mejor que mejor, je, je... Me quedan aún cuatro días. Uno para dormir y hacer el vago por casa, otro para irme de bares, el penúltimo me daré el gusto de pasar un día completo en el balneario y el último estaré preparando todo para el viaje."
Una vez había pensado todo lo que iba a hacer se lo fui dictando día por día a la "tablet", y al terminar le mandé que enviase la configuración de los seis días a mi móvil para poder consultarlo cuando no estuviese en casa.
- Envío completado satisfactoriamente. ¿Desea hacer algo más?
- No, apágate - dicho esto me tumbé sumergiéndome en el agua y me quedé adormilado con "La vie en rose" de fondo.
Novelas en las uñas
Pequeños relatos recién fabricados por mi imaginación.
domingo, 25 de enero de 2015
sábado, 10 de enero de 2015
El viaje de Román a la "Comida-ciudad". Parte 1.
CÉSAR
- Buenas noches, ¿qué desean tomar? - preguntó un refinado camarero vestido como un pingüino.
- Desearía una merluza a la plancha acompañada con patatas asadas - dijo la mujer sentada a la derecha del camarero. Fue entonces cuando Román se dio cuenta que se había quedado embobado con el suave movimiento de los gruesos labios de su acompañante mientras ella formulaba su pedido.
- ¿Señor?
- ¿Perdón?
- ¿Desea usted algo? - repitió de nuevo el camarero con voz cansina.
- Oh, sí... Me gustaría cenar un entrecot con salsa de pimienta. ¡Ah y un vino rosado para los dos!
El camarero recogió las cartas de los dos comensales y se marchó camino a la cocina, mientras ellos se cogían de las manos. Desde mi punto de vista hubiese creído que eran una pareja, pero conocía bien a Román y todo lo que a continuación iba a ocurrir.
- Isabella, sabes que tengo que ir, puede que en aquel extraño y misterioso lugar encuentre la inspiración para el diseño de tu edificio. Como promotora y financiera de este proyecto del que soy responsable, te pido tu confianza y apoyo en este último viaje. Te juro por mi gato "Misifú", que antes de fin de año estando ahora a mediados de marzo terminaré el proyecto, incluyendo su construcción.
- Román, confío en ti plenamente, pero me preocupa lo que te pueda pasar... Es un país aun bastante, como decirlo, anarquista y a la ciudad a la que vas aún más.
Román suspiró mientras esbozaba una leve sonrisa y apretaba ligeramente las manos de Isabella. En ese mismo instante apareció de nuevo el camarero con el vino, se lo sirvió y volvió a desaparecer tras las puertas de la cocina.
- Sinceramente Román, me cuesta dejarte marchar, pero si dices que es lo mejor tanto para ti como para el proyecto... Adelante.
Tras decir esto entrechocaron las copas y dieron un pequeño sorbo, cuando un hombre repeinado con gomina y vestido con un traje blanco y zapatos de charol negros se acercó a la mesa.
- Disculpad, me gustaría dar la enhorabuena a su novio... Ya que es su novio pues ninguno lleva anillo de compromiso, por tener a una mujer tan espectacularmente bella en su poder.
- ¡¿Perdona?! Gracias por el piropo pero...
- Calma Isabella, estas derramando el vino y te recuerdo que es muy caro - dijo Román dedicándole una sonrisa a la mujer. Yo sabía que estaba intentando aparentar calma, pero el tic en su pierna me hacía saltar la alarma sobre lo que iba a hacer. - Lo primero es que las mujeres no son objetos que pertenecen a alguien, y lo segundo es que ella es mi hermana.
- ¡Ah! ¿Entonces puedo cortejarla? -dijo excitado el desconocido mientras su cara de rata esbozaba una sonrisa nerviosa.
- ¡¿Pero quién se cree que es usted?! Primero la menosprecia y ahora intenta llevársela a la cama delante de su hermano, seras pedazo de hijo de...
- ¿Ocurre algo jefe?
Román paró de hablar y se giró sorprendido hacia mi.
- ¡César! ¿No estaba usted en el coche?
- Siempre estoy para protegerle, y dentro de un coche no puedo hacer muy bien ese servicio. Además soy humano y al igual que usted tengo que comer, no iba a desaprovechar estar en este restaurante tan bueno - dije con voz fuerte mientras se escuchaba una ligera carcajada de Isabella por detrás del desconocido, por lo que continué - Me llevaré a este hombre de aquí, he observado que estaba molestando a la señorita Santillana.
- Gracias César, eres mi ángel protector - me dijo Isabella respirando aliviada - será mejor que se lo lleve antes de que mi hermano continúe con el espectáculo de improperios.
Román miró a su alrededor y observó como el resto de mesas les miraban y cuchicheaban por lo bajo sobre lo que ocurría, entonces se sentó con la cara enrojecida tanto por el enfado como por la vergüenza en su silla y yo agarré a aquel hombre desconocido por el hombro para arrastrarle junto a mi al exterior del restaurante.
- Le recomiendo que se marche a casa, señor. Si vuelve a intentar hablar con la señorita Santillana, no le aseguro a usted que no se lleve un ojo morado de regalo.
No sabría decir si fue por la amenaza o por el hecho de darse cuenta de que con quién había intentado ligar era una de las mujeres más influyentes del planeta a pesar de su corta edad, pero se marchó sin decir nada. En ese momento recibí un mensaje al WhatsApp de Román, en el que me decía que fuese preparando el coche para volver a casa. Guardé el móvil y saqué las llaves del Chevrolet, entré, lo arranqué y puse a máxima potencia la calefacción ya que fuera comenzaba a helar y el coche estaba muy frío. No pasó mucho tiempo hasta que entró la pareja en la parte trasera del coche.
- Llévanos a casa César, por favor -ordenó Román mientras se acomodaba en el asiento.
Sin decir una palabra sobre lo ocurrido, aceleré y me incorporé al fluido tráfico de la noche en las calles de Madrid.
- Buenas noches, ¿qué desean tomar? - preguntó un refinado camarero vestido como un pingüino.
- Desearía una merluza a la plancha acompañada con patatas asadas - dijo la mujer sentada a la derecha del camarero. Fue entonces cuando Román se dio cuenta que se había quedado embobado con el suave movimiento de los gruesos labios de su acompañante mientras ella formulaba su pedido.
- ¿Señor?
- ¿Perdón?
- ¿Desea usted algo? - repitió de nuevo el camarero con voz cansina.
- Oh, sí... Me gustaría cenar un entrecot con salsa de pimienta. ¡Ah y un vino rosado para los dos!
El camarero recogió las cartas de los dos comensales y se marchó camino a la cocina, mientras ellos se cogían de las manos. Desde mi punto de vista hubiese creído que eran una pareja, pero conocía bien a Román y todo lo que a continuación iba a ocurrir.
- Isabella, sabes que tengo que ir, puede que en aquel extraño y misterioso lugar encuentre la inspiración para el diseño de tu edificio. Como promotora y financiera de este proyecto del que soy responsable, te pido tu confianza y apoyo en este último viaje. Te juro por mi gato "Misifú", que antes de fin de año estando ahora a mediados de marzo terminaré el proyecto, incluyendo su construcción.
- Román, confío en ti plenamente, pero me preocupa lo que te pueda pasar... Es un país aun bastante, como decirlo, anarquista y a la ciudad a la que vas aún más.
Román suspiró mientras esbozaba una leve sonrisa y apretaba ligeramente las manos de Isabella. En ese mismo instante apareció de nuevo el camarero con el vino, se lo sirvió y volvió a desaparecer tras las puertas de la cocina.
- Sinceramente Román, me cuesta dejarte marchar, pero si dices que es lo mejor tanto para ti como para el proyecto... Adelante.
Tras decir esto entrechocaron las copas y dieron un pequeño sorbo, cuando un hombre repeinado con gomina y vestido con un traje blanco y zapatos de charol negros se acercó a la mesa.
- Disculpad, me gustaría dar la enhorabuena a su novio... Ya que es su novio pues ninguno lleva anillo de compromiso, por tener a una mujer tan espectacularmente bella en su poder.
- ¡¿Perdona?! Gracias por el piropo pero...
- Calma Isabella, estas derramando el vino y te recuerdo que es muy caro - dijo Román dedicándole una sonrisa a la mujer. Yo sabía que estaba intentando aparentar calma, pero el tic en su pierna me hacía saltar la alarma sobre lo que iba a hacer. - Lo primero es que las mujeres no son objetos que pertenecen a alguien, y lo segundo es que ella es mi hermana.
- ¡Ah! ¿Entonces puedo cortejarla? -dijo excitado el desconocido mientras su cara de rata esbozaba una sonrisa nerviosa.
- ¡¿Pero quién se cree que es usted?! Primero la menosprecia y ahora intenta llevársela a la cama delante de su hermano, seras pedazo de hijo de...
- ¿Ocurre algo jefe?
Román paró de hablar y se giró sorprendido hacia mi.
- ¡César! ¿No estaba usted en el coche?
- Siempre estoy para protegerle, y dentro de un coche no puedo hacer muy bien ese servicio. Además soy humano y al igual que usted tengo que comer, no iba a desaprovechar estar en este restaurante tan bueno - dije con voz fuerte mientras se escuchaba una ligera carcajada de Isabella por detrás del desconocido, por lo que continué - Me llevaré a este hombre de aquí, he observado que estaba molestando a la señorita Santillana.
- Gracias César, eres mi ángel protector - me dijo Isabella respirando aliviada - será mejor que se lo lleve antes de que mi hermano continúe con el espectáculo de improperios.
Román miró a su alrededor y observó como el resto de mesas les miraban y cuchicheaban por lo bajo sobre lo que ocurría, entonces se sentó con la cara enrojecida tanto por el enfado como por la vergüenza en su silla y yo agarré a aquel hombre desconocido por el hombro para arrastrarle junto a mi al exterior del restaurante.
- Le recomiendo que se marche a casa, señor. Si vuelve a intentar hablar con la señorita Santillana, no le aseguro a usted que no se lleve un ojo morado de regalo.
No sabría decir si fue por la amenaza o por el hecho de darse cuenta de que con quién había intentado ligar era una de las mujeres más influyentes del planeta a pesar de su corta edad, pero se marchó sin decir nada. En ese momento recibí un mensaje al WhatsApp de Román, en el que me decía que fuese preparando el coche para volver a casa. Guardé el móvil y saqué las llaves del Chevrolet, entré, lo arranqué y puse a máxima potencia la calefacción ya que fuera comenzaba a helar y el coche estaba muy frío. No pasó mucho tiempo hasta que entró la pareja en la parte trasera del coche.
- Llévanos a casa César, por favor -ordenó Román mientras se acomodaba en el asiento.
Sin decir una palabra sobre lo ocurrido, aceleré y me incorporé al fluido tráfico de la noche en las calles de Madrid.
martes, 19 de agosto de 2014
Capítulo 2
Allí estaba, mirándome a los ojos, con una sonrisa de no comprender, esperando mi respuesta, una respuesta que me era difícil de decir.
-¿Hola? ¿Eres sorda, hablas otro idioma o algo parecido? - me instigó Jaime.
- Me... me llamo Leire - le respondí finalmente agachando la cabeza.
- Es un bonito nombre, al igual que tú, eres preciosa. Se supone que tengo alguna relación amorosa contigo, ¿verdad? Por eso te han traído aquí.
- Pues va a ser verdad eso de que no recuerdas nada... - dije susurrando- Jaime no soy tu novia si es lo que insinúas, soy tu hermana pequeña.
- Me estás vacilando, ¿no?
- ¿Has escuchado a los médicos?
- Me han dicho que he sido sometido a una operación experimental y que al haber algunas complicaciones caí en un coma y al despertarme ahora he perdido parte de la memoria... Pero no me han dicho si podré recuperarla.
- Se supones que es una pérdida parcial y que si te sometemos a algunos estímulos que sean de tu ida cotidiana, puede que recuperes la memoria al completo o al menos casi al completo. Yo era un estímulo, pero veo que no ha servido de nada.
En ese mismo instante entró un grupo de doctores y enfermeros a la habitación, entre ellos el doctor Jiménez, que me hizo una señal indicándome que saliese.
- Tu hermano necesita dormir y descansar, además le vamos a someter a algunas pruebas para comprobar su estado de salud mental a parte de la perdida parcial de memoria, para que no falle ningún receptor ni transmisor de señales a las alas o la operación habrá sido en vano.
Asentí lentamente, le estreché la mano cordialmente y me dirigí de vuelta con Gus, al final había tardado mucho menos de lo previsto.
Bajando en el ascensor iba reflexionando sobre como podría introducirle a mi hermano el tema de nuestros padres... no tardaría mucho en preguntarlo, aunque pensándolo bien podría ser un buen estímulo, recibir una mala noticia podría causar en él una reacción en cadena que le hiciese recordar todo, aunque por ahora tendría que esperar hasta después de las pruebas.
-¿Hola? ¿Eres sorda, hablas otro idioma o algo parecido? - me instigó Jaime.
- Me... me llamo Leire - le respondí finalmente agachando la cabeza.
- Es un bonito nombre, al igual que tú, eres preciosa. Se supone que tengo alguna relación amorosa contigo, ¿verdad? Por eso te han traído aquí.
- Pues va a ser verdad eso de que no recuerdas nada... - dije susurrando- Jaime no soy tu novia si es lo que insinúas, soy tu hermana pequeña.
- Me estás vacilando, ¿no?
- ¿Has escuchado a los médicos?
- Me han dicho que he sido sometido a una operación experimental y que al haber algunas complicaciones caí en un coma y al despertarme ahora he perdido parte de la memoria... Pero no me han dicho si podré recuperarla.
- Se supones que es una pérdida parcial y que si te sometemos a algunos estímulos que sean de tu ida cotidiana, puede que recuperes la memoria al completo o al menos casi al completo. Yo era un estímulo, pero veo que no ha servido de nada.
En ese mismo instante entró un grupo de doctores y enfermeros a la habitación, entre ellos el doctor Jiménez, que me hizo una señal indicándome que saliese.
- Tu hermano necesita dormir y descansar, además le vamos a someter a algunas pruebas para comprobar su estado de salud mental a parte de la perdida parcial de memoria, para que no falle ningún receptor ni transmisor de señales a las alas o la operación habrá sido en vano.
Asentí lentamente, le estreché la mano cordialmente y me dirigí de vuelta con Gus, al final había tardado mucho menos de lo previsto.
Bajando en el ascensor iba reflexionando sobre como podría introducirle a mi hermano el tema de nuestros padres... no tardaría mucho en preguntarlo, aunque pensándolo bien podría ser un buen estímulo, recibir una mala noticia podría causar en él una reacción en cadena que le hiciese recordar todo, aunque por ahora tendría que esperar hasta después de las pruebas.
jueves, 14 de agosto de 2014
Capítulo 1
Ya había pasado una semana desde que Jaime había salido del quirófano y había sido inducido en un coma. Al parecer su cuerpo no admitió las cajas de conservación como se esperaba y el efecto de la anestesia no duró lo previsto por lo que comenzó a sufrir y cayó en coma por el dolor. Yo ya estaba fortaleciendo mis músculos en la "sala especial", la llamaba así porque era un gran almacén acolchado en sus paredes y en el techo, con una red que se podía desplegar para evitar caídas y esparcidos por el suelo numerosos artilugios tan extraños que ni sabía su finalidad. Hoy era el segundo día de entrenamiento, aunque en el primero no hice ningún ejercicio ya que fue solo una revisión completa para comprobar que todos mis órganos estaban en perfecto estado y no había riesgos para mi salud después de la operación. Mi entrenador era un chico joven, de unos 22 años de edad, estaba fuerte pero sin pasarse, tenía ese color de piel característico que obtenían todos los chicos adinerados de los rayos bronceadores no cancerígenos (ya que el tratamiento era caro y solo ellos, o ellas, lo podían conseguir), el pelo rubio oscuro y los ojos de un azul intenso. Para ese día llevaba puestas unas bermudas a cuadros bi-color azul cielo y blanco, y una camiseta gris que lucía en el centro con letras rojas grandes una nueva marca de ropa surgida del desgaste publicitario de las otras llamada <<Soran>>.
- ¡Buenos días, pequeño ángel! -gritó desde el otro lado de la sala.
- Odio que me llames así Gus -murmuré refunfuñando mientras bajaba del montón de colchonetas de un salto.
- No deberías hacer eso.
- ¿El qué?
- Saltar y hacer esfuerzos, aún estas débil y tus músculos no aguantan bien, podrías hacerte daño - señaló preocupado mientras me cogía en brazos.
- ¿Tienes que cogerme siempre que me quieres abrazar?
- Cállate anda, solo estoy comprobando tu peso, eres bajita por cierto.
Mi cuerpo con respecto al suyo era menos de la mitad, yo era una chica de 18 años bajita y él un gigante de 1,90 que era dos veces yo a lo ancho. Mis brazos y piernas caían muertos a los lados de su cuerpo y yo dejé caer mi cabeza en su hombro.
- Estas muy mona cuando te dejas hacer por mi Leire - yo levanté la cabeza y me abracé con los brazos y las piernas a su cuerpo como si fuese un koala. Le miré a los ojos, eran profundos, te podía dejar llevar en ellos y olvidarte de todos tus problemas; me estaba quedando embobada y como él lo notó, sonrió y se acercó a mis labios, yo no quería apartarme, la verdad es que era un chico realmente guapo. Estábamos a un escaso centímetro de que nuestras bocas se juntaran en un beso cuando a lo lejos se escuchó como se abría la puerta. Gus me soltó haciendo que yo cayese al suelo con tan mala suerte que caí de culo y quedé en una posición ridícula.
- Guzmán tienes un mensaje urgente de los de arriba - era la secretaria central, solo se encargaba de las comunicaciones urgentes. Gus se acercó a ella y cogió el receptor en forma ovalada, apretó un botón y la silueta del doctor Jiménez apareció en 3D encima del receptor. Yo no llegué a oír lo que decía, pero por la expresión de Gus y Ángela, la secretaria, no parecían buenas noticias. Me levanté despacio y me dirigí a ellos cuando el mensaje hubo finalizado.
- ¿Qué ocurre? - pregunté poniéndome junto a Gus.
- Tu hermano ha despertado del coma - me cogió de las manos y añadió- pero no reconoce a nadie ni sabe donde está, ha perdido parte de la memoria.
Me quedé en shock, no reaccioné, solo podía pensar e que aquello no era cierto y que era imposible que mi hermano no me reconociese, seguro que al verme recordaría todo.
-Quiero subir a verle - dije a Ángela con el rostro serio-. Gus, tú quédate y prepara las máquinas para los ejercicios previstos para hoy, en una hora estaré de nuevo aquí.
Dicho esto Ángela se fue para avisar a los encargados, Gus me abrazó y me dijo al oído:
- Tómate la mañana libre pequeño ángel, esta tarde puedo volver de nuevo y comenzamos el entrenamiento.
- No quiero, necesito empezar a fortalecerme ya. Quiero hacer las cosas por mi misma.
Me separé de él y me dio un beso en la frente, me miró a los ojos y me marché en silencio.
- ¡Buenos días, pequeño ángel! -gritó desde el otro lado de la sala.
- Odio que me llames así Gus -murmuré refunfuñando mientras bajaba del montón de colchonetas de un salto.
- No deberías hacer eso.
- ¿El qué?
- Saltar y hacer esfuerzos, aún estas débil y tus músculos no aguantan bien, podrías hacerte daño - señaló preocupado mientras me cogía en brazos.
- ¿Tienes que cogerme siempre que me quieres abrazar?
- Cállate anda, solo estoy comprobando tu peso, eres bajita por cierto.
Mi cuerpo con respecto al suyo era menos de la mitad, yo era una chica de 18 años bajita y él un gigante de 1,90 que era dos veces yo a lo ancho. Mis brazos y piernas caían muertos a los lados de su cuerpo y yo dejé caer mi cabeza en su hombro.
- Estas muy mona cuando te dejas hacer por mi Leire - yo levanté la cabeza y me abracé con los brazos y las piernas a su cuerpo como si fuese un koala. Le miré a los ojos, eran profundos, te podía dejar llevar en ellos y olvidarte de todos tus problemas; me estaba quedando embobada y como él lo notó, sonrió y se acercó a mis labios, yo no quería apartarme, la verdad es que era un chico realmente guapo. Estábamos a un escaso centímetro de que nuestras bocas se juntaran en un beso cuando a lo lejos se escuchó como se abría la puerta. Gus me soltó haciendo que yo cayese al suelo con tan mala suerte que caí de culo y quedé en una posición ridícula.
- Guzmán tienes un mensaje urgente de los de arriba - era la secretaria central, solo se encargaba de las comunicaciones urgentes. Gus se acercó a ella y cogió el receptor en forma ovalada, apretó un botón y la silueta del doctor Jiménez apareció en 3D encima del receptor. Yo no llegué a oír lo que decía, pero por la expresión de Gus y Ángela, la secretaria, no parecían buenas noticias. Me levanté despacio y me dirigí a ellos cuando el mensaje hubo finalizado.
- ¿Qué ocurre? - pregunté poniéndome junto a Gus.
- Tu hermano ha despertado del coma - me cogió de las manos y añadió- pero no reconoce a nadie ni sabe donde está, ha perdido parte de la memoria.
Me quedé en shock, no reaccioné, solo podía pensar e que aquello no era cierto y que era imposible que mi hermano no me reconociese, seguro que al verme recordaría todo.
-Quiero subir a verle - dije a Ángela con el rostro serio-. Gus, tú quédate y prepara las máquinas para los ejercicios previstos para hoy, en una hora estaré de nuevo aquí.
Dicho esto Ángela se fue para avisar a los encargados, Gus me abrazó y me dijo al oído:
- Tómate la mañana libre pequeño ángel, esta tarde puedo volver de nuevo y comenzamos el entrenamiento.
- No quiero, necesito empezar a fortalecerme ya. Quiero hacer las cosas por mi misma.
Me separé de él y me dio un beso en la frente, me miró a los ojos y me marché en silencio.
martes, 12 de agosto de 2014
Prólogo
Los pitidos de las máquinas que señalaban el pulso de su corazón se ahogaban en mi subconsciente. Los doctores y sus respectivos ayudantes maniobraban en la espalda de Jaime, mi hermano, con un perfecto baile de movimientos. Yo desde fuera miraba a través de aquel cristal de un solo lado (ya que por el otro había un espejo para no desconcentrar a los doctores durante las operaciones), como poco a poco le unían aquellas extremidades fabricadas: le estaban poniendo alas. Las alas le sobresalían dos metros a cada lado de su cuerpo, habían sido fabricadas a partir de su ADN y otros tipos de ADN de animales alados para conseguir una mayor resistencia y que el cuerpo de Jaime no rechazara aquel nuevo complemento. Miré nerviosa el reloj-telegrama del quirófano, en él marcaba la fecha, la hora y un cronómetro que señalaba las horas de operación que llevaban realizadas. Casi diez horas. Los médicos necesitaban descansar, por suerte ya se había inventado la maquina de sueño "express". Fue un invento revolucionario cuando salió en el año 2030, pero hoy, diez años después tiene una serie de leyes estrictas para su uso y distribución ya que se utilizó para numerosas explotaciones laborales y torturas. "Dream-five" fue retirado de todo el mundo y redistribuido a hospitales, centros de bomberos, algunas compañías que distribuyen las mercancías al planeta, etc.
Una alarma sonó dentro de aquella habitación y se produjo un relevo de médicos. Uno de ellos a los que relevaban salió a la sala de observación donde me encontraba.
- Buenas tardes, soy el doctor Jiménez -dijo mientras se quitaba la mascarilla y los guantes para estrecharme la mano.
- Encantada señor, ¿cómo va todo? -contesté moviendo mi silla de ruedas hacia él.
- Todo va por el camino correcto, mañana a primera hora de la mañana se le encontrará usted al lado suyo. Ahora debería subir a descansar. ¿Cómo lleva las curaciones?¿Le molesta el dispositivo de almacenamiento?
- Por ahora la curación va muy bien, no tengo rastro de cicatrices de las suturas, pero aun me cuesta notar en la espalda el movimiento del dispositivo.
- Estese tranquila, cuando termine de recuperarse comenzará su entrenamiento y fortalecimiento. Dejará de serle molesto. ¿Se ha probado a mirar en el espejo a ver si se le notan las cajas de conservación?
- Me lo enseñaron esta mañana, mi espalda está igual que cuando entre al quirófano, es por ahora un trabajo perfecto. Gracias.
- No hay de que, y gracias a usted que nos ayuda en la investigación. Dicho esto voy a llevarla a su cama y después me iré a casa, mi familia me echará de menos - dijo mientras sonreía y se masajeaba la nuca al mismo tiempo.
Volví a mirar a mi hermano por última vez en el día y me dejé llevar por el doctor Jiménez.
Una alarma sonó dentro de aquella habitación y se produjo un relevo de médicos. Uno de ellos a los que relevaban salió a la sala de observación donde me encontraba.
- Buenas tardes, soy el doctor Jiménez -dijo mientras se quitaba la mascarilla y los guantes para estrecharme la mano.
- Encantada señor, ¿cómo va todo? -contesté moviendo mi silla de ruedas hacia él.
- Todo va por el camino correcto, mañana a primera hora de la mañana se le encontrará usted al lado suyo. Ahora debería subir a descansar. ¿Cómo lleva las curaciones?¿Le molesta el dispositivo de almacenamiento?
- Por ahora la curación va muy bien, no tengo rastro de cicatrices de las suturas, pero aun me cuesta notar en la espalda el movimiento del dispositivo.
- Estese tranquila, cuando termine de recuperarse comenzará su entrenamiento y fortalecimiento. Dejará de serle molesto. ¿Se ha probado a mirar en el espejo a ver si se le notan las cajas de conservación?
- Me lo enseñaron esta mañana, mi espalda está igual que cuando entre al quirófano, es por ahora un trabajo perfecto. Gracias.
- No hay de que, y gracias a usted que nos ayuda en la investigación. Dicho esto voy a llevarla a su cama y después me iré a casa, mi familia me echará de menos - dijo mientras sonreía y se masajeaba la nuca al mismo tiempo.
Volví a mirar a mi hermano por última vez en el día y me dejé llevar por el doctor Jiménez.
martes, 27 de mayo de 2014
Episodio 1
<< Está sonando el despertador, no me apetece levantarme. ¿Qué día es hoy?¿Dónde está el móvil? Aquí está, debajo de la almohada. Joder con el puto botón, está demasiado duro, no consigo apretarlo para ver ni el día ni la hora...¡Ya está! ¿Sábado? ¡La entrevista! mierda, mierda, mierda, se me a olvidado que hora era... de nuevo el puto botón vuelve a fallar, ¡las 6!. Ah, de la mañana, puf que susto, aún tengo tiempo. Necesito este trabajo, es la oportunidad para quedarme en esta ciudad, me encanta y no quiero irme. ¡Lo conseguiré! Los papeles les tengo preparados ya en la carpeta, solo tengo que ducharme, elegir la ropa... ¡LA ROPA! ¿Y cómo me visto? El puesto por el que lucho es para trabajar en una oficina como ayudante de imagen y sonido para videojuegos, por lo que no debería ir formal pero tampoco informal, ni con traje ni con sandalias. En la empresa son todos un poco bohemios, pero es mi presentación así que debo marcar mi estilo y personalidad en mi imagen y gestos. ¿Metí en la maleta aquel vestido verde? Creo que lo deje en la tintorería... Voy a levantarme de una vez y mirar que ropa limpia queda. (Ángela se levanta y estirándose se dirige a la maleta y comienza a rebuscar). Esto no, esto tampoco, muy ligero, demasiado serio... vaya... nada me convence... ¿guardé algo en el armario?. (Ángela se gira y corre hacia el armario; abre la puerta del armario). ¡Perfecto! Este vestido me define completamente y encima me queda de miedo. Si es que soy genial. (Ángela se mete en el baño y comienza a ducharse. Cuando sale se peina el pelo, se lo seca con la toalla, se hace algunos rizos con la plancha y lo deja suelto sobre sus hombros). >>
lunes, 26 de mayo de 2014
BIENVENIDOS
Bienvenidos a mi blog, me llamo Beatriz y me encanta escribir, es una de mis mayores pasiones ciertamente. Espero que os gusten mis relatos, ya que escribo varios a la vez ya que se me ocurren numerosas historias a la vez y no puedo unirlas todas en una.
¡DISFRUTAD DE LA LECTURA!
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| - Un libro espera paciente a que vuelvas y te sumerjas en su vida - |
jueves, 13 de marzo de 2014
Prólogo.
-¡Fuego, fuego!
El monte Tissue se quemaba, mi casa estaba allí, mi familia intentaba huir del calor de las llamas, pero como ellos miles de animales más. Mi cuerpo era diferente al de mi familia, ya que yo era humana y ellos lobos.
Con mis brazos ayudaba a pasar obstáculos a los animales pequeños y sobre todo a los cachorros de mi manada. Las llamas avanzaban rápido, cada vez hacía más calor y respirar resultaba más difícil. Mis oídos eran poco sensibles en comparación con mis padres, pero entre los chasquidos de los árboles pude distinguir el sonido de unas aspas de helicóptero. Por experiencias anteriores sabía que ante un incendio, ese aparato de alguna manera tiraba mucha agua para apagarlo.
-¡Corred! ¡Si ese agua nos cae encima tendremos muchos problemas!
Me dispuse a correr junto a un ciervo cuando un pequeño aullido me estremeció: era mi hermano, lo reconocería en cualquier lado. Nada más escucharlo mi madre dio la vuelta y comenzó a correr pero la detuve, y con solo una mirada la obligué a salir de allí, yo iría a por él. Me coloqué bien mi piel de oso sobre el cuerpo para protegerme lo máximo posible de las llamas cada vez más grandes. El helicóptero cada vez estaba más cerca y necesitaba encontrar a mi hermano. La casualidad hizo que nos chocásemos mientras saltaba un tronco, haciéndome caer con el brazo derecho sobre unas ascuas. El dolor, junto con el humo, provocó que de mi garganta ya enrojecida no saliera ningún sonido; una gran quemadura se apoderó de mi antebrazo completamente, mi visión comenzó a fallar, los oídos me pitaban y había perdido el sentido de la orientación. Mi hermano se afanaba en lamerme la cara intentando reanimarme. Tras unos segundos pude orientarme y darme cuenta de como la tromba de agua comenzó a caer a lo lejos, no tardaría en llegar hasta nosotros, no daba tiempo a huir. Con el brazo que no estaba herido agarré a mi hermano metiéndomelo en el regazo bajo la piel de oso, ya que nos serviría de protección. El agua caía sobre nosotros y mi brazo se resentía de la quemadura, pero el dolor que sentía dio paso a la ansiedad: casi no podía respirar y notaba como mi hermano no podía mantenerse en pie. A lo lejos escuchaba la llamada de mi familia desde algún lugar seguro, tenía que ir hacía allí. Mis fuerzas me fallaban y no sabía cuanto tiempo más aguantaría consciente, dejé que mi instinto me guiara hasta que me desmayé sobre una pequeña zona húmeda gracias al agua del helicóptero. Miré hacia arriba, abracé a mi hermano ya inconsciente y esperé a la muerte con una sonrisa marcada en mi sucio rostro.
El monte Tissue se quemaba, mi casa estaba allí, mi familia intentaba huir del calor de las llamas, pero como ellos miles de animales más. Mi cuerpo era diferente al de mi familia, ya que yo era humana y ellos lobos.
Con mis brazos ayudaba a pasar obstáculos a los animales pequeños y sobre todo a los cachorros de mi manada. Las llamas avanzaban rápido, cada vez hacía más calor y respirar resultaba más difícil. Mis oídos eran poco sensibles en comparación con mis padres, pero entre los chasquidos de los árboles pude distinguir el sonido de unas aspas de helicóptero. Por experiencias anteriores sabía que ante un incendio, ese aparato de alguna manera tiraba mucha agua para apagarlo.
-¡Corred! ¡Si ese agua nos cae encima tendremos muchos problemas!
Me dispuse a correr junto a un ciervo cuando un pequeño aullido me estremeció: era mi hermano, lo reconocería en cualquier lado. Nada más escucharlo mi madre dio la vuelta y comenzó a correr pero la detuve, y con solo una mirada la obligué a salir de allí, yo iría a por él. Me coloqué bien mi piel de oso sobre el cuerpo para protegerme lo máximo posible de las llamas cada vez más grandes. El helicóptero cada vez estaba más cerca y necesitaba encontrar a mi hermano. La casualidad hizo que nos chocásemos mientras saltaba un tronco, haciéndome caer con el brazo derecho sobre unas ascuas. El dolor, junto con el humo, provocó que de mi garganta ya enrojecida no saliera ningún sonido; una gran quemadura se apoderó de mi antebrazo completamente, mi visión comenzó a fallar, los oídos me pitaban y había perdido el sentido de la orientación. Mi hermano se afanaba en lamerme la cara intentando reanimarme. Tras unos segundos pude orientarme y darme cuenta de como la tromba de agua comenzó a caer a lo lejos, no tardaría en llegar hasta nosotros, no daba tiempo a huir. Con el brazo que no estaba herido agarré a mi hermano metiéndomelo en el regazo bajo la piel de oso, ya que nos serviría de protección. El agua caía sobre nosotros y mi brazo se resentía de la quemadura, pero el dolor que sentía dio paso a la ansiedad: casi no podía respirar y notaba como mi hermano no podía mantenerse en pie. A lo lejos escuchaba la llamada de mi familia desde algún lugar seguro, tenía que ir hacía allí. Mis fuerzas me fallaban y no sabía cuanto tiempo más aguantaría consciente, dejé que mi instinto me guiara hasta que me desmayé sobre una pequeña zona húmeda gracias al agua del helicóptero. Miré hacia arriba, abracé a mi hermano ya inconsciente y esperé a la muerte con una sonrisa marcada en mi sucio rostro.
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